Colegio Casa de la Virgen

Catequesis

Lo que vimos y oímos os lo anunciamos también a vosotros, para que compartáis nuestra vida como nosotros la compartimos con el Padre y con su Hijo Jesucristo para que se colme vuestra alegría.

1ª Jn 1,3-4

 

  1.  La catequesis surge de la vinculación con el evangelio y la Iglesia.

Comprendemos la labor de fundamentación cultivo y crecimiento de la dimensión religiosa del niño, joven y adulto como comunión vinculadora implicativa en el evangelio que nos ha constituido en Iglesia. La dinámica educativa de la fe surge como despliegue de gracia, vida y gozo en los que vive la Iglesia. Es un despliegue evangelizador

  1. La catequesis pretende un proceso existencial creyente en sus catecúmenos.

La catequesis como diálogo creador del niño y del joven con el Dios vivo y verdadero, desde su situación y realidad personal en búsqueda de sentido y en el hallazgo del misterio en persona, demanda la presencia de los testigos capaces de propiciar e impulsar dinámicas y relaciones sustentadoras del proceso existencial creyente.

  1. La educación en la fe promueve  escuchar a Dios en las experiencias vitales.

La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros y de su plenitud estamos recibiendo gracia tras gracia (cf Jn 1,14). El misterio de Dios está llegando, haciendo existir cuanto existe, llevándolo pacientemente a su plenitud. La instancia primera permanente catequética será el reconocer la validez y la fuerza salvadora de las experiencias que más afectan y configuran la trayectoria existencial vital de cada persona. Hacer pronunciar a la carne, a los sentimientos más hondos y cotidianos en conciencia de la unicidad y singularidad propias. Afianzar su pertenencia y vinculación a una humanidad y mundo que ha de construir, sostener y alumbrar su futuro escuchando al Dios que está viniendo en el grito, deseo y gemido de las personas y de la creación entera (cf Rm 8,18ss).

  1.  El dinamismo evangelizador nos lleva a vivir en la esperanza y en el amor.

Ay de mí si no evangelizare. Anunciar el evangelio, para mí es obligación que me incumbe (1ª Co, 9,16). Sentimos la evangelización con el niño y el joven mandamiento  desde el interior de la gracia en la que el Espíritu de Jesús el Mesías nos ha colmado como creyentes e Iglesia. La condición de la vida emergente del niño y el joven nos apremia a propiciar las posibilidades máximas por activar y hacer surgir la vida y la vida en plenitud. La catequesis afirma la confianza básica de comunión, participación creadora de nacer de nuevo. Nos hunde en la potencialidad de la primera creación hasta desplegarnos en la segunda creación. La acogida a la alteridad, misterio y dignidad de cada persona niño, joven, adulto nos arraiga en la esperanza de que todo llegue a ser acabado en la libertad gloriosa de los hijos de Dios. Nos anima la esperanza de no ser defraudados en esta tarea de engendrar en Cristo Jesús, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado. Es este Espíritu recibido el que nos impulsa a la gestación de ese potencial de gracia y de vida en el que en Cristo Jesús hemos sido recreados todos.

  1. La catequesis promueve el diálogo entre lo diferente y busca la singularidad desde una responsabilidad, proximidad y discernimiento creyente.

Al llegar y comprobar la gracia de Dios, se alegró, y como era un hombre bueno, lleno de fe y de Espíritu Santo, les exhortó a todos a ser fieles al Señor de todo corazón (Hch 11,23-24). El proceso personalizador de la fe reconoce la gracia que nos precede. Ella nos alienta a exhortar en la dirección en la que el Espíritu nos impulsa, a activar las posibilidades y potencialidades de cada niño y joven. La catequesis nos hace  presencia sapiencial, vinculación de gracia en trabajo, responsabilidad y discernimiento.  Nos requiere en una proximidad creyente y oyente de la alteridad que irrumpe en la gestación de su propia identidad e historia vital. Es diálogo de alteridades en una creación y fecundidad. Anunciando la Buena Nueva yo os engendré para Cristo (1ª Co 4,15). Una paternidad maternidad que nos hace dinamismo radical fraterno, constituyéndonos  en Iglesia como despliegue de libertades que nos hace siervos unos de otros por amor (Gal 5,13) desde las diferencias y responsabilidades pertinentes.

 

B.- Dinamismos.

  1. 1. Proponemos una catequesis que nos constituya en el diálogo de la existencia con el Dios vivo y verdadero.

Oyendo que era Jesús de Nazaret se puso a gritar: Jesús, Hijo de David, ten piedad de mí. ¿Qué quieres que haga? Contestó el ciego: Maestro, que recobre la vista. Jesús le dijo: Ve, tu fe te ha salvado. Al instante recobró la vista y lo seguía por el camino (Mc 10,47-52). Es la experiencia quien nos fuerza a grito y pregunta, nos moviliza en búsqueda de referencias y significado. El sentimiento del yo anhela dimensiones fundantes plantándonos ante un Tú. Propugnamos una catequesis que nos constituya en el diálogo de la existencia con el Dios vivo y verdadero. Toda persona niño, joven entra en una relación real, desde experiencias llevadas a interioridad en el designio salvador de Dios, generando una comprensión, conocimiento que le constituye, por la fuerza del Espíritu en realización de su voluntad. Al instante recobró la vista y lo seguía por el camino. La catequesis posibilita el despertar y potenciar el dinamismo existencial experiencial que nos hace trabajar en los trabajos en los que el Padre y el Hijo permanecen generosamente alumbrándonos a la revelación del amor que atraviesa la realidad.

  1. La catequesis es camino privilegiado de acceso a la Palabra que nos adentra y nos solicita en alianza de amor y comunión creadora de vida.

Damos gracias incesantes a Dios porque cuando nos escuchasteis la palabra de Dios la acogisteis no como palabra humana sino como realmente palabra de Dios activa en vosotros los creyentes (1ª Ts 2,13). La Palabra alumbra el misterio en el corazón de lo humano como libertad de don y de vida. El dinamismo que instaura la palabra es acción, penetra hasta lo hondo de nuestro espíritu y discierne sentimientos y pensamientos del corazón (cf Hb 4,12). Trae y realiza el querer de Dios generando un movimiento de conversión purificación y revelación. Si caminamos en la luz como él está en la luz compartimos nuestra vida, y la sangre de su Hijo Jesús nos limpia de todo pecado (1ª Jn 1,7). En la palabra somos intervención del Espíritu que nos adentra en alianza de amor y en comunión creadora de vida. La catequesis activa e introduce al niño y al joven, así como al adulto, en la dinámica reveladora y creadora de la palabra. Desde su riqueza simbólica existencial constituye un camino privilegiado de acceso y despliegue de la dimensión religiosa de la existencia. La evangelización explícita dona y propicia dinamismos creyentes cargados de un humanismo abierto, dialogante y oyente de toda experiencia significativa valiosa. La centración catequética en la Palabra nos solicita en una actitud de valoración y reciprocidad mutua.

  1. La catequesis participa de las inquietudes y trabajos de la iglesia local.

A la Iglesia de Dios de Corinto, a los consagrados a Cristo Jesús con una vocación santa, y a todos los que, sean de donde sean, invocan el nombre de Jesucristo, Señor de ellos y nuestro; gracia y paz de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo. (1Cor 1,2-3) La misión catequética evangelizadora se arraiga y se emprende en la fe y dinamismo de gracia de la Iglesia local. Plantados en ella compartimos y nos nutrimos en la profundidad y sobreabundancia de espíritu de la iglesia de Dios extendida por toda la tierra. Así, la pertenencia a la iglesia local en la celebración de la única eucaristía y comunión e interacción de vida, somos concentración y despliegue del evangelio, lugar e intensidad, profundidad del reino que nos consagra en servidores de la palabra desde una proximidad vinculante relacional. De este modo la dimensión catequética evangelizadora de la Casa de la Virgen emerge en una voluntad de participar en los trabajos del reino desde una comunión en la vida y dinámica evangelizadora del misterio de la Iglesia presente en nuestra Iglesia local parroquial.

  1. La educación en la fe, creación de conciencia propia a la luz del evangelio, en un diálogo permanente con la realidad a la que somos destinados

Ahora, hermanos, por la misericordia de Dios os exhorto a ofreceros como sacrificio vivo, santo, aceptable a Dios, sea este vuestro culto espiritual. No os ajustéis a este mundo, antes transformaos con una mentalidad nueva para discernir la voluntad de Dios, lo que es bueno y aceptable y perfecto. (Rm 12,1-2). La catequesis, comprendida como recreación procesual de trasfondos, actitudes y mentalidad trabaja en la gestación del “hombre interior” que nos va transformando en sujetos capaces de discernir la voluntad del Padre en la potencialidad y conflictividad del mundo. Creyentes, estamos siendo enviados a la realidad en una actitud de gratuidad y de verdad entregando nuestras personas a la inmensidad de lo real para evangelizar situaciones, realidades diferentes desde la misericordia de Dios, el Espíritu de la verdad en un diálogo generoso, crítico y paciente. Hemos de despertar y alentar las dinámicas creadoras de conciencia propia en un diálogo permanente, en la acogida de las realidades singulares, de sus capacidades, gritos y anhelos, ya desde la edad más temprana.

  1. El movimiento catequético nos enraíza en una experiencia orante existencial prendiéndonos en una actividad y creatividad propias.

No habéis recibido un espíritu de siervo para recaer en el temor, sino un espíritu de hijo que nos hace exclamar: Abba, Padre. El Espíritu atestigua en nosotros que somos hijos de Dios. (Rm 8,15-16). El proceso catequético procede y se dinamiza desde la iniciativa y el don de Espíritu de Dios. Es una creación del Espíritu eligiéndonos y constituyéndonos en hijos de Dios por hallazgo liberador y gozoso de nuestras personas en la fuerza de nacer y entregarnos a realizar el designio del Padre. Nos engendra en la confianza, obediencia y acción del Espíritu. El movimiento catequético nos enraíza en una experiencia orante existencial prendiéndonos en una actividad y creatividad propias. El Espíritu, derramándose al fondo de los corazones, va refundiendo toda la complejidad y potencialidad de la existencia e hondura y revelación, confiere una libertad de buscar y alumbrar la verdad y entregarnos confiadamente en la humildad y suficiencia de la fe y del amor constituyéndonos oyentes y servidores de todos.

  1. El proceso catequético pretende crear lugares de comunión, reciprocidad y amistad en la conciencia de alumbrar un futuro compartido.

Todo lo que hagáis de palabra o de obra hacedlo invocando al Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de Él  (Col 3,17). En una sociedad y cultura en las que el individualismo prima propiciando así un sentimiento de lo libre como autonomías generadoras de distanciamiento y un ethos competitivo y defensivo, el proceso catequético pretende impulsar dinámicas relacionales, hemos de potenciar la creación de ámbitos de encuentro, diálogo y confianza. La fe busca y crea lugares de comunión, reciprocidad, amistad. Emprenderemos prácticas y conciencias de sentirnos alumbradores de un futuro compartido. Trabajaremos por celebrarnos en una existencialidad cada vez más relacional y comunional.

  1. El proceso catequético nos lleva desde su propia verdad a una evangelización como acción socializadora en el hoy de la historia.

Jesús respondió: Id a informar a Juan de lo que oís y veis: Ciegos recobran la vista, cojos caminan, leprosos quedan limpios, sordos oyen, muertos resucitan, pobres reciben la buena noticia (Mt 11,4-5).  El proceso catequético nos lleva desde su propia verdad a una evangelización en acción. La palabra quiere actividad desde su propia fuerza liberadora, salvadora. Será necesario adentrarse en realidades sociales de humillación, pobreza y exclusión social, descender a la carne, a su grito, empeñarnos creadoramente en la liberación de situaciones y realidades opresoras e injustas para iniciar el reino que llega desde la proximidad vinculante e implicativa. La acción socializadora liberadora constituye un signo verdadero, eficiente de la llegada del reino. El Proyecto Pastoral de la Casa de la Virgen implicará una acción evangelizadora como proceso evangelizador, movimiento alumbrador de un futuro que nos hace esperanza activa del reino que está viniendo.

  1. La educación en la fe estimula la apropiación experiencial y la profundización de los núcleos creyentes que se trabajan en la asignatura de religión.

La dinámica catequética evangelizadora en el Proyecto de Pastoral de la Casa de la Virgen pretende impulsar una iniciación de la fe que estimula la apropiación experiencial y la profundización transformadora de los núcleos evangélicos, dogmáticos, sacramentales, morales, eclesiales que vienen trabajando en la programación de la asignatura de religión, (ERE). Desde la clave existencial experiencial eclesial, según edades, procesos y necesidades, desplegaremos el dinamismo evangelizador de los núcleos constitutivos de la fe de la Iglesia.

  1. La dinámica catequética evangelizadora se realiza en el acompañamiento singular de forma próxima, vinculante e implicativa desde el discernimiento y el diálogo.

La dinámica catequética evangelizadora realizamos en una de sus dimensiones más genuinas y creadoras desde el acompañamiento, en una proximidad vinculante e implicativa hecha de discernimiento y diálogo, impulsamos núcleos y tiempos de encuentro, concentración, trabajo personal a fin de recoger singularidades, los itinerarios del niño/a, el joven, la joven en los que vienen realizándose. Propugnamos un acompañamiento muy personalizado en un seguimiento potenciador, sustentador y alumbrador de su propia unicidad y misterio personal propiciando el hallazgo de su lugar y misión en la sociedad, en la Iglesia y en el mundo. Establecemos convivencias, encuentros, días de reflexión e interioridad suscitando quereres, alentando los deseos más profundos y dinámicos en una libertad crítica, confiada y comunional.

C.- Concreciones.

  1. GRUPOS DE CATEQUESIS DE COMUNIÓN (reunión semanal)
    • Grupo de pre-comunión (3º de primaria)

 

  • Grupo de comunión (4º de primaria)

 

  1. GRUPOS DE CATEQUESIS DE POS-COMUNIÓN
    • Grupo de pos-comunión (5º de primaria)

 

  • Grupo (2) de pos-comunión (6º de primaria)

 

  1. GRUPOS DE CONFIRMACIÓN (reunión semanal)
    • Grupo de 1º de la ESO
    • Grupo de 2º de la ESO
    • Grupo de 3º de la ESO
    • Grupo de 4º de la ESO
    • Grupo de 1º de BACHILLERATO
    • Grupo de 2º de BACHILLERATO

 

  • Grupo de jóvenes (antiguos alumnos)

 

  1. Actividades:
  • Encuentro inicial de Catequesis: presentación de catequistas y formación de los grupos.
  • Salidas y participación en actividades de la diócesis de catequesis a partir de 5º: encuentro inicial de curso, visita a Nuestra Señora de la Almudena, participación en la Javierada, etc.
  • Convivencia en fecha próxima a la celebración de la Confirmación para quienes se confirman.

 

D.- Agentes y responsables de la catequesis.

    • El Equipo Directivo del Centro.
    • El Responsable de Pastoral de Centro.
    • Responsable de catequesis.

 

  • Catequistas

 

 

E.- Formación y preparación de los catequistas.

 

Sentimos la urgencia y necesidad de establecer dinámicas y encuentros formativos entre los/las que asumimos el Proyecto de Pastoral. Dada la identidad creyente eclesial de la Casa de la Virgen que configura y fundamenta al Centro, vemos conveniente la presencia de los agentes de la pastoral según niveles y edades en los momentos que se juzguen oportuno. Nos es fuerza evangelizadora, la trasversalidad, la confianza y la relacionalidad entre todas las instancias responsables del centro. La labor catequética evangelizadora reviste tal envergadura que precisamos trabajar conjuntamente, programar, impulsar y evaluar crítica y valorativamente las dinámicas y estructuras del proyecto Pastoral.

 

Momentos de preparación y evaluación:

 

  • Coordinación entre catequistas: para organización de los grupos, para organizar cada actividad conjunta, en momentos litúrgicos especiales donde somos todos convocados, etc.
  • Evaluación de la catequesis: se evaluará al final del curso por los catequistas de nivel y de manera conjunta entre todos los niveles y se recogerá en los encuentros de coordinación de catequistas.